Cada día nos desayunamos una noticia nueva que avanza en el desempoderamiento de las mujeres. Algunas, como esta, rayan lo criminal:
Nueva
vuelta de tuerca en la deriva ultraderechista del Gobierno de Mariano
Rajoy, que planea suavizar el registro que iba a medir cada mes el
número de mujeres con un parte de lesiones y limitarlos a los casos en
los que sean hospitalizadas al menos 24 horas.
El cómputo estaba previsto para inicios de este año pero finalmente
se retrasará hasta 2014, y fue aplazado supuestamente por “problemas
técnicos” con las CCAA y por problemas políticos.
Según el Consejo General del Poder Judicial se reflejan una media de
mil denuncias por lesiones cada mes, y en el registro quedarían fuera
las agresiones leves y moderadas, así como las agresiones psicológicas.
Se da la circunstancia de que menos del 10% de las mujeres agredidas
van al hospital, por lo que más del 90% de las agresiones machistas ni
siquiera serán registradas.
http://www.larepublica.es/2013/07/el-gobierno-solo-incluira-en-el-registro-de-violencia-de-genero-si-la-mujer-acaba-en-el-hospital-mas-de-24-horas/
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martes, 23 de julio de 2013
viernes, 30 de noviembre de 2012
La violencia de género está enraizada en la estructura social
El Día Internacional contra la violencia de género
reivindica la construcción de una sociedad en la que las mujeres no
suframos agresiones, del tipo que sean, por el hecho de ser mujeres.
Estas agresiones se sustentan sobre todo en la idea
que subyace a muchas culturas, de que las mujeres debemos ser sumisas al
control de otros. Ello se refleja, con mayor frecuencia, no en alarmantes
sucesos machistas, sino en hechos ampliamente aceptados que minan la vida de
las mujeres, también aquí, en España.
El reparto de roles en la publicidad, las series juveniles,
películas, etc. transmiten a nuestros jóvenes y adultos, modelos de género que
favorecen que la situación de desigualdad que sufrimos las mujeres se perpetúe.
También las políticas públicas que aceptamos en nuestro
Estado (así, por ejemplo, los recortes en los servicios sociales: becas, ayudas
para el comedor escolar, ayudas a la dependencia, guarderías públicas,
ayudas para el alquiler, etc.) dificultan especialmente las vidas de las
mujeres, todavía responsables en una mayor medida, de todos esos trabajos de
cuidados secularmente desvalorizados y feminizados: alimentación, educación,
limpieza, vestido, organización de la economía familiar, estabilidad emocional
en el hogar, etc.
El mismo sesgo de género que han resultado tener estos
recortes, tuvieron también aquellos famosos fondos del denominado Plan-E,
que se destinaban fundamentalmente al sector de la construcción,
abrumadoramente masculinizado.
Esto es violencia estructural del sistema; es decir,
condiciones intrínsecas a nuestro modo de organizar la sociedad, que hacen que
las vidas de las mujeres sigan siendo más duras. Esto es, también, una forma de
agresión por razón de género.
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